Económicamente, la economía ortodoxa o bien “economía neoclásica” ha acentuado las distintas dotaciones de factores productivos (recursos naturales, trabajo, capital, etcétera) en distintas áreas y países, lo que da una remuneración económica diferente al empleo de esos factores. Los primeros análisis neoclásicos aplicados a las migraciones fueron efectuados por Ernest-George Ravenstein a fines del siglo XIX, que han dado origen a las de este modo llamadas “leyes de Ravenstein”. Ravenstein publicó las “Leyes de Migración” (The Laws of Migration), en las que el factor económico juega un papel esencial pues el deseo de los humanos consiste en progresar las condiciones materiales de vida; por tal motivo, hay una tendencia de migrar cara áreas más d desarrolladas, tomando en consideración la localización geográfica de los migrantes 8​. Economistas como Michael Todaro y George Borjas han desarrollado más tarde este enfoque de forma extensa. En el caso de las migraciones la exuberancia de fuerza de trabajo con relación a otros factores productivos fortalecería la emigración debido a los bajos sueldos de un trabajo superabundante. Por su lado, zonas con, por poner un ejemplo, mucho capital o bien tierra con relación a la población activa libre tenderían a producir unos ingresos más altos al trabajo y ser, por esta razón, atractivos como lugares de inmigración. Este sería el caso propio de USA en el siglo XIX, con mucha tierra alcanzable y poca población, respecto de una Europa con poca tierra con relación a su población. Lo mismo ocurriría el día de hoy entre las zonas más desarrolladas con mucho capital y parcialmente pocos trabajadores respecto de muchas áreas menos desarrolladas que muestran la situación inversa. En buenas cuentas, los flujos migratorios, como otros flujos económicos, tenderían a crear una situación de mayor equilibrio en la dotación y retribución de los factores productivos a nivel global. Este equilibrio implicaría un mejor empleo de exactamente los mismos, produciendo grandes ventajas globales y abriendo ocasiones substanciales de mejoramiento de las condiciones laborales y de vida de los migrantes con relación a su situación en el país de origen, aunque exactamente las mismas pueden parecer desfavorables en comparación con las condiciones dominantes entre los trabajadores y las población de los países de acogida. Esta perspectiva macroeconómica destaca asimismo las trabas a la inmigración procedentes de las organizaciones de los trabajadores de los países más desarrollados que verían desgastado su poder de negociación y por tanto sus ascensos salariales al acrecentar la cantidad de mano de obra ofertada en su mercado de trabajo. Este es un habitual ejemplo de lo que es conocido como enfrentamiento entre los “insiders” (conjuntos que están ya adentro) y los “outsiders” (nuevos conjuntos que presionan por entrar en un mercado de trabajo más conveniente).

Desde cierto punto de vista activo la economía ortodoxa ha elaborado una serie de teorías sobre las relaciones entre migración, pobreza y desarrollo.9​ Se una parte de una relación inversa entre pobreza y migraciones de mediano y, de forma especial, migraciones internacionales de largo alcance. Esta clase de migraciones son, frecuentemente, muy costosas con relación a los recursos libres por los campos más pobres de la población mundial. Esto es lo que es conocido como “trampa de la pobreza” que complica o bien impide que aquellos que más deberían ganar migrando no puedan encarar la inversión que ello supone. Los que generalmente migran no son, conforme esta perspectiva, los más pobres sino más bien ámbitos medios o bien parcialmente privilegiados de sociedad en desarrollo. Es por este motivo que se habla de una “autoselección” social y educacionalmente positiva de los emigrantes respecto del total de la población del país de origen. Esto explica el hecho de que la emigración tienda a medrar, al contrario a lo que frecuentemente se cree, cuando se comienza un proceso triunfante de desarrollo en tanto que exactamente el mismo abre posibilidades a fin de que cada vez más y más personas puedan invertir en la migración cara países donde su “capital humano” sería todavía más rentable. Esta emigración viene por su parte a fortalecer, a través de las remesas, el desarrollo del país de origen, generándose de esta manera un “círculo virtuoso” entre desarrollo, emigración y más desarrollo. Cuando el nivel de desarrollo del país de emigración lo acerca al del país de inmigración el flujo tiende a ralentizarse para entonces detenerse y, por último, invertirse, formando aquello que se ha llamado la “U invertida”. Un caso palpable de este proceso es la emigración de España cara el norte de Europa, que fue con fuerza potenciada por el desarrollo económico de España de los años mil novecientos sesenta para entonces, en los setenta, detenerse y también invertirse cuando España alcanzó niveles de bienestar que aunque todavía eran inferiores a los del norte europeo no compensaban ya los costos de todo género que impone la emigración.

El enfoque económico antagónico al recién expuesto lo plantean distintas escuelas de pensamiento neomarxistas, que acentúan la polarización internacional que vendría a depauperar crecientemente las de este modo llamadas “periferias” del sistema capitalista mundial, forzando a sus poblaciones a emigrar para sobrevivir creando de esta forma una suerte de “Tercer” o bien “Cuarto Mundo” migrante que se ofrece por bajos sueldos y admitiendo condiciones de “sobreexplotación” en los mercados de trabajo del planeta desarrollado. Estas perspectivas tienen su origen en la Escuela o bien Teoría de la Dependencia, popularizada por autores como André Gunder Frank ya en los años mil novecientos sesenta, y en la de esta manera llamada teoría del sistema-planeta asociada al nombre de Immanuel Wallerstein.10​ Conforme a este enfoque estaríamos en frente de un círculo vicioso de explotación, empobrecimiento, emigración y mayor empobrecimiento. Esta perspectiva general ha sido complementada por las teorías del “mercado dual” o bien “segmentado” de trabajo, asociadas a los nombres de Michael Piore, Stephen Castles y Godula Kosak. Para estos autores existen 2 géneros de mercados de trabajo y, en verdad, 2 géneros de clases trabajadoras en los países desarrollados: una compuesta esencialmente por los autóctonos, que comparten condiciones regulares y admisibles de trabajo, y otra formada por los inmigrantes, particularmente aquellos en distintas situaciones de irregularidad, que carecen de condiciones seguras y dignas de trabajo